lunes, 11 de enero de 2016

Chapter 1.-


S.O.S.



Parecía que afuera llovía, quizá el invierno ya había llegado, quizá los últimos días de otoño estaban más bravos… Quizá.

Tantas ideas en mi mente me hacen desesperar; perder el control de mi vida fue algo de lo que me arrepiento, sólo en parte, no completamente… pues, todo sucede por algo, aunque estar en un lugar como éste a causa de mis acciones no sé si realmente debía suceder por algo. A veces estar aquí me desespera.

Las luces brillantes y cegadoras hacían que me doliera la cabeza, los ojos, el pecho y hasta el cuerpo completo. Puedo sentir como mi piel se seca poco a poco con esa iluminación que sólo acaba empeorando las cosas, cómo si ese fuera el plan desde el comienzo, digo, todos tienen una cura, pero realmente estoy dudando si aquí encontraré la mía. Dudo de mis capacidades, siento que estoy perdiendo el juicio aquí, desde un inicio no debí estar aquí, fue solo una forma para salvarme de prisión y pagar mis pecados civiles de una forma no tan gloriosa, pero puedo sentir que a medida que el tiempo avanza este lugar se apodera cada vez más de mí, de lo que siento, de lo que pienso, de todo.

-          ¿Cómo va todo? – sonreía una mujer entrando en mi habitación con una bandeja en sus manos.
-          Pues como de costumbre – reí, me encanta hacerlo - ¿Qué hay en el menú de hoy?
-          La verdad, lo mismo de ayer y mañana, sabes que debes tomar esto hasta que estés bien – dijo dulcemente.

Sonreí encogiendo los ojos. Yo nunca estaría bien, no después de todo lo que había tenido que pasar para que yo terminara en un lugar como este, acabado, solo, herido y con unos antecedentes deplorables. Arruinado y triste en el pozo más profundo que puede existir.

Lamentarme ya no puedo hacerlo, ni yo mismo creo en los consuelos que mi subconsciente intenta entregarme, sé que merezco estar así y aquí, o de hecho, en un lugar peor. Ir por la vida a toda velocidad te juega la pasada, llega un punto en que no sabes cómo terminas ahí, parado frente a un gran edificio incendiado por tu ira, por la pérdida de juicio y la frustración, cuando estabas en la gloria máxima de pronto todo se viene abajo por culpa de tus caprichos, de tu orgullo y más aún por tu estúpido aire de superioridad, crees que teniendo algo más que los demás te hace mejor, y pues claro, no siempre es así y vaya que demore en entender toda esa mierda barata. Nunca pasa hasta que te pasa.

El inicio del fin. Cuantas veces personas me decían eso, cuando mezclaba un poco de alcohol con heroína, o simplemente empezaba riñas por mera diversión, con los chicos que más me habían soportado y que aun así yo detestaba. A veces llego a recalcar en mi mente que soy un hombre despreciable, miserable y el idiota más grande del mundo, ¿cómo mierda pasé de tenerlo todo a estar encerrado en un psiquiátrico en Irlanda? ¿Cómo pude perder el control de mi propia vida?

-          Si necesitas cualquier cosa, sólo avisa – su sonrisa jamás desaparecía.
-          No lo dudes – mi cara de idiota era cada vez más pervertida.

Y moviendo sus caderas salió de mi blanco cuarto. Esa maldita frase fue tan importante en toda mi vida hasta que todo terminó, hasta que yo decidí que tenía el control de todo y la vida se encargó de hacerme saber que no era así.

Esa enfermera me recordaba tanto a Julie, la única mujer que resistió tanto por mí y para variar yo me encargué de alejarla, con cada idiotez que hacía, siendo que lo único que necesitaba era que estuviera junto a mí, más aún en un esta etapa, en esta posición en la que ni mi sombra me acompaña. La extraño.

Sus ojos encogidos mientras sonreía alegraban e iluminaban hasta la más oscura noche, en cada lugar, en cada momento su gran dote de cordialidad podía hacerte olvidar de todo, perderte profundamente como en una sensación radical e irracional, que te eleva y te lleva lejos, donde nada importa, donde el tiempo se detiene y tu piel siente hasta la más mínima brisa y te eriza, te sientes como un bebé que sólo necesita el pecho de su madre, y dios, que pechos que tenía.  Eran sabrosos y muy suaves, te calmaban de cualquier cosa; quizá podría haberlos tenido un poco más grandes, pero eran armónicos y con esa belleza natural que nada podía discutir.

Cuando apagan las luces en este infierno puedo recordarla, puedo sentir su respiración en mi cuello, cómo cuando solía besarme, cuando me amaba, cuando éramos felices. Si yo no hubiera sido el idiota que fui el último tiempo quizá ella aún vendría a visitarme, a darme chocolates amargos que sólo comía para hacerla sonreír, porque esas mierdas eran asquerosas, no logro entender porque me los daba si sabía que no me gustaban. Malditas mujeres.

Ya perdí la cuenta de cuantos meses lleva sin venir a visitarme, quizá ya pasó el cuarto mes. Recuerdo que no llovía mucho ese tiempo, quizá fines de primavera, no lo sé, si tan solo tuviera un maldito calendario podría saber muchas más cosas.

Diablos, cómo odio que el día pase tan lento, odio estar encerrado sin poder salir siquiera al jardín que se ve desde mi ventana, aunque hagan veinte grados bajo cero muero por sentir la nieve bajo mis pies, el césped húmedo por la lluvia, extraño el aire puro.

-          Mataría a alguien por volver a tener una guitarra…

Es una frase que repito gran parte del tiempo, al menos con eso podía volver a componer, a abrir mi mente y desligarme de todo este infierno que me tocó vivir. Desearía al menos estar con alguien un tiempo para hablar, intercambiar opiniones y dejar de sentirme tan solo y abandonado.

Esos años eran gloriosos. Estar sobre los escenarios dando espectáculos que jamás olvidarían era lo que me mantenía vivo, era la adrenalina que necesitaba en la sangre para poder respirar. Gritar por el maldito micrófono me liberaba de toda la mierda que tenía dentro, de todo el odio que a veces la gente me hacía sentir por miserables situaciones del diario vivir, estar con los chicos fue unas de las mejores cosas que me pasaron en la vida, y que sin mucha novedad yo tuve que arruinar.

Irse a un bar luego de cada show era la mejor forma de acabar la noche, beber a más no poder, drogarse hasta ya no poder ni hablar y cantar canciones de los ochenta a toda voz era divertido, incluso cuando luego debíamos enfrentarnos a cualquier tipo que se dignara a hacernos callar. El lío se desencadenaba siempre que pasaba eso, y el dueño del bar acababa por echarnos para evitar a que llegara la policía.

Caminando como completos ebrios era la marcha de victoria que emprendíamos, cada gira tenía su historia, y una grandiosa por cierto, pero con el avance de los años cada vez fueron más aburridas, más apagadas y extrañas. Los chicos comenzaron a criticarme cada vez con más frecuencia, como si mi forma de actuar ya no les divertía. Comentarios sobre mi comportamiento destructivo e irracional era lo que más repetían, cosa que poco a poco fue creando en mí cierto sentimiento de discordia hacía ellos. No lograba entender bien lo que les sucedía, me sentía atacado por ellos, eran mi familia pero comenzaban a tratarme cada vez más diferente.

Sólo ahora, en esta situación entendí bien porque lo hacían. Yo estaba fuera de control. Tenían miedo, y era normal porque si éramos una banda, una familia… yo podría acabar perjudicándolos. Y eso ya había pasado en ocasiones anteriores. Yo estaba cavando mi propia tumba, y ellos tenían miedo de que los enterrara conmigo… Yo no quería que eso pasara, pero si pudiera retroceder el tiempo, quizá actuaría de otra forma para no perderlos y que siguiéramos de juerga, pero sin problemas…

Recostarme en la maldita cama bajo el potente brillo de estas luces me hace recordar todos los errores que cometí, uno tras otro, no sé cómo no me di cuenta antes de que estaba en otra órbita, como si las cosas que pasaran a mi alrededor no tuviesen que ver conmigo.

Incluso cuando viene mi madre de visita,  siento lástima por mí. Partiendo por el hecho de que la veo algo así como dos veces por mes, yo antes de esto jamás devolvía sus llamadas, además de ignorarla cada vez que tenía problemas. Siempre la mantuve lo más alejada posible de mi vida, ignorando el hecho de que algún día no la tendría más, sin embargo, es la única visita que recibo desde que Julie dejó de venir.

Siempre me relata cosas de personas que ya ni recuerdo, sólo para tenerla tranquila le digo que estoy bien, que pronto saldré de aquí y las cosas estarán bien. Pero ni yo me lo creo.

La última vez que la vi,  me dijo que Annie no recordaba mi voz. Y es bastante triste que tu hija comience a olvidarte, es decir, nunca antes le había prestado mucha atención pero estando en una situación como ésta, todo comienza a afectarte, y no digamos que es la edad porque a los 32 años que tengo, aún creo que no entro en esa categoría en la que hasta la historia de los demás comienzan a hacerte daño sicológico.

-          Annie te extraña demasiado, el hecho de que no intentes contactarte con ella empeora las cosas, Tyler – su voz maternal preocupada era más notoria cada vez.
-          Pero si Julie no deja que hable con ella – reclamé.
-          Siquiera haces el intento por llamarle.

Ya no podía mentir, ser la víctima no era algo tan fácil cuando ya todos descubrieron que eras un monstruo siniestro y cruel, egoísta y ególatra que le vale madre todo el mundo.

-          Una vez lo intenté. – traté de defenderme.
-          Eso no es suficiente – frunció el ceño - ¿Cómo piensas que ella pensará en ti si no muestras interés en verla?
-          ¿Cómo está Julie?
-          Eso no importa Tyler…
-          ¿Está saliendo con alguien…?
-          No, sabes que está muy dolida con lo que hiciste, sólo que planea irse del país y comenzar de nuevo con su vida, lejos de todo lo que le recuerde a ti – su mirada de lástima cayó sobre mí.

¿Irse del país? ¿En serio? ¿Es que acaso ya lo habré perdido todo? 

Esa fue la última visita de mi madre, hace como una semana y media. Desde entonces que he tratado de hablar con Roger, el maldito de mi amigo que me metió aquí. ¿Quién es? Es un psiquiatra con prestigio mundial, uno de los cabecillas en la mesa de poder en el famoso psiquiátrico St. John, en nada menos que Irlanda, ¿más alejado del mundo? Imposible. Aunque bueno, era esto o pasar 25 años en prisión.

Salvé mi vida solo entre comillas, luego de haber golpeado al dueño de una disquera, incendiar su edificio con trabajadores y todo adentro, además de amenazarle de muerte y chocar mi auto contra el suyo frente al mismo edificio. Muchas personas salieron heridas y creo que hasta un par de muertos hubo en el incidente, para lo que en un juicio que se efectuó me dictaron una pena de cárcel por veinticinco años. Para mi suerte mi abogado había tenido una charla con Roger, el maldito le había ofrecido un trato para salvar mi pellejo, la verdad no valía la pena.

-          Si se declara inestable mentalmente podremos hacerlo pasar por un loco, que pague la sentencia reducida en mi psiquiátrico y se quitará muchos años de encima
-          ¿Se puede hacer eso con todo su historial?
-          Puedo hacer documentos falsos con que era mi paciente, y que todos los otros líos fueron causados por una locura que estaba en tratamiento – aclaró Roger animado.

Maldito idiota, que prefirió encerrarme en un psiquiátrico al otro lado del atlántico, lejos de mi familia y amigos… Pero que aun así agradezco porque la condena fue reducida a sólo cinco años de tratamiento intenso, del cual no tengo claro cuánto tiempo ha pasado.

No sé bien si agradecer su gesto, o maldecirlo. Estoy a miles de kilómetros de la que fue mi casa, y recibo una medicación para estar calmado, además de asistir a unas charlas extrañas que la verdad sólo acaba haciéndome recordar la mierda de persona que fui. Dudo mucho si saldré mejor de aquí, el poco contacto con otros me complica más las cosas. Hace ya mucho tiempo que no bebo ni una gota de licor y mi cuerpo se pone ansioso, me duelen los huesos por las mañanas y paso frío en las noches.

Ya no sueño. Sólo recuerdo y añoro esos tiempos en los que estaba en la cima y nadie podía detenerme. Pagar mis errores está saliendo más caro de lo que alguna vez imaginé. Si hay algo que debo hacer para poder remediar un poco todo esto, es encontrar al maldito de Roger y hablar con él, quizá pueda hacer algo para que todo esto mejore, de alguna forma. Al menos podría prestarme una guitarra… dios, con eso se ganará mi respeto en lo absoluto.

Me arden las manos cada vez que pienso en la Gibson que solía traer en mi coche, en las veces que prefería llevar a salvo a la guitarra más que al perro cuando iba de viaje al bosque. Hay tantas ideas dentro de mi cabeza que valen oro, si lograra salir de aquí volvería en gloria y majestad frente a todos los que alguna vez dudaron de mí.


Al acabar esta noche, yo sé que algo bueno pasará mañana, no importa que esa idea la repita cada vez que se apagan las brillantes luces sobre mi cama, algún día sucederá y me sentiré completo. Por una vez dentro de mucho tiempo tendré  razón, no importa cuántas veces lo dije, al menos no dejé de intentarlo.